Vacaciones. Por mucho tiempo, días dedicados a sufrir de una u otra forma. Días en los que el ocio aplastaba a la inspiración y el cold turkey de la procrastinación despertaba aspectos poco agradables de mi naturaleza... ¿o no?
Aparentemente, los dioses han decidido concederme un inicio espectacular de la temporada vacacional. Ha habido de lo bueno, lo malo y lo feo, pero cada día a partir del sábado pasado ha presentado algo de especial.
Entonces, comenzaré lo que espero se convierta en una larga serie de anécdotas vacacionales (hence, anecdotatón).
CAPÍTULO 1. SÁBADO DE CENTRO
Una vez más, la fuerza de la música atrajo hacia la feliz ciudad a gente que hacía tiempo no veía. El concierto de Metallica trajo consigo a Berlyboy, Lucy y David (hermano menor de Lucy). Dado que no sabía bien cómo estaban mis planes de fin de semana, invoqué incesantemente a Berly para que saliéramos el sábado. El plan: ir al centro a buscar aventuras.
Con escasa planeación, en cuestión de hora y media ya estaba yo en el metro, sin la más mínima idea de qué sucedería. No pude ocultar mi sorpresa al ver a Berly convertido en todo un ñor (bueno, not really... sólo me sorprendió lo serio y respetable que parece con su look de barba de candado). Los chicos necesitaron saber que no podían contar conmigo como guía, así que dependimos enteramente del mapa Lucy llevaba consigo.
Llegamos al zócalo y caminamos sin rumbo aparente, mientras charlábamos acerca de lo bueno de vernos, de qué podríamos comer y de cosas que llamaban la atención de los chicos. De entre estos detalles, creo que mi favorito fue el que involucra las escobas de los barrenderos. No tengo idea de qué ramas se usen para la fabricación de lo que a mí me parecían utensilios cotidianos, pero aparentemente no son populares en los remotos páramos de Mérida. Nos buscamos una comida corrida, y por el módico precio de $35 yo comí felizmente y hasta le robé arroz a Lucy, quien no dejó de sorprenderme por lo poco que necesita ingerir para mantenerse con vida. Después de eso, caminamos hasta llegar al museo del ejército.
En realidad, dicho museo es verdaderamente pequeñísimo. Mientras que Berly y David hablaban de juegos de video en lo que puedo calificar como un adorable despliegue de geekiness museo-inducida encontramos todo tipo de triques que iban desde lo groserito (como un arma de fuego que perteneció a Porfirio Díaz, que tenía decoraciones de oro y whatnot) hasta lo simpático (una espada corta con arma de fuego integrada). Empero, lo que más presente tendré es el cuidado con el que disectaron un par de armas, dejando cada parte con un número para buscar el nombre de la pieza correspondiente. Los resortes no eran nada sorprendente; los tubos tampoco. El encanto está en las piezas que quién sabe para qué rediantre sirvan. Piezas tan pequeñas como cuentas, que me agrada pensar son de vital importancia para que el arma no se convierta en alguna suerte de artefacto cuyo comportamiento fuera concebible sólo para quienes crean caricaturas al estilo de los Looney tunes.
Luego de darnos la vuelta por la tienda del museo (esta vez no me llevé ninguna suerte de souvenir), nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino. Originalmente íbamos a ver la ya inmortalizada exposición de triques de tortura, pero el precio de la entrada nos desalentó. Luego los muchachos del grupo vieron con ilusión un letrero que decía "Museo de la Cerveza"... pero al asomarse se toparon con que sera un bar. Para estos entonces, Berly había pasado a su estado natural Schilleresco (Schiller dijo alguna vez algo asi como que las almas puras pueden amar, no respetar... lo cual me llevó a la conclusión de que mis amigos en general son almas puras hahahaha) y entre risa y risa, sonrojo y sonrojo, nos dirigimos hacia Bellas Artes. Gracias a la magia de las credenciales de estudiante, entramos gratis y vimos murales. Debo admitir que en realidad nunca he sido ni remotamente fanática de los murales. La temática usual que muestran nunca me ha llamado la atención, y el estilo rara vez ha captado mi interés. Sin embargo, en tan buena compañía, no pude evitar entontrar detalles que me hicieron salir del lugar con una sonrisa (aunque la mayor sonrisa surgió cuando una señora le dijo a Berly "sólo nacionales" cuando entregó su credencial... supongo que ella cree que al final sí se formó la hermana república de Yucatán). Lucy incluso interpretó de forma muy bonita un mural de Diego Rivera (y Berly se desilusionó al ver que la pequeña placa explicativa no decía nada ni remotamente similar a lo que la pequeña Lucy dijo).
Hubiéramos visto la exposición temporal también, de no ser porque se acercaba la hora de que yo volviera a casa, y el momento de que nos encontráramos con Psycho. Entonces, volvimos al metro. En algún punto misterioso del viaje en metro nos detuvimos para esperar al pequeño, quien llegó cansado pero triunfante a nuestro encuentro, proponiendo buscar alcohol. Me habría encantado acompañarlos por un par de cervezas, pero necesitaba volver a casa. Tras convencer a los chicos de que nos viéramos de nuevo al siguiente día, la compañía entera caminamos hacia mi casa. No me afligió que se perdieran porque Berly ya conocía más o menos el rumbo. Tras dormir una siestecilla, a eso de las 11 de la noche ya había recibido yo un mensaje: El domingo volveríamos a salir.
Lucy, si estás ahí, OH POR FAVOR SUBE LAS FOTOS A FACEBOOK!
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sábado, 13 de junio de 2009
miércoles, 1 de abril de 2009
Entre fuegos artificiales, el sábado de poder Yucateco
Little Green Bag - The George Baker Selection
De entre las sombras del Miserere y la perdición, ¡he vuelto!
Creo que retomar el escribir por aquí amerita una grandiosa historia... y esa es la de la invasión yucateca al feliz DF.
I. Érase una vez... (o algo así)
Todo comenzó (al menos para mí) cuando Adi me dijo que Bunbury vendría a la ciudad. Ahora, cabe mencionar que por mucho tiempo pensé en esta persona como alguien que hace música desagradable, para terminar cayendo en conclusión de que quizás no lo sea, y sólo sucede que no sé nada de él. Entonces ¿qué volvía relevante la noticia? La respuesta se resumía en un nombre: Luisi.
En julio de este año se iban a hacer 4 años desde aquella época tan feliz en la que conocí a un grupo de personas ilustres durante la graduación de prepa de Andrea, mi prima. Luisi (a quien he invitado varias veces a hacer una sección en este espacio de las ya casi míticas "Charlas amenas con Bere y Luisi"...) fue uno de los autores de la histórica "Estafa del Panucho" y ha sido por demás paciente, fungiendo como mi conciencia en ocasiones diversas. Como seguro ya imaginan, yo me alegré muchísimo de saber que había una oportunidad de reencuentro.
Pasaron los meses, y yo olvidé por completo que marzo era un mes marcado por la fortuna... así que cuando Adi me preguntó que qué haría el día 26, yo respondí que me quedaría en el rancho cornobovino desde el cual les escribo, y entonces ella respondió que ese era día Luisi. Claro, de una u otra manera me las ingeniaría para abandonar tierras cornobovinas... y eso hice.
Aquí es donde comienza lo bueno.
II. No me gusta el football
Dos de la tarde. Adi se organiza con Luisi para saber a dónde iremos y qué haremos. ¿Yo? Cómodamente acostadota viendo Ratatouille -de nuevo. El plan: ir a algún sitio en la Condesa (wherever that is) a ver el partido. "Así que va a haber partido", me digo. Bien, vale la pena. No sé nada de football, y la verdad no me interesa... pero lo vale.
3 de la tarde. Apenas me entero de que el partido es a las 5. El punto de reunión es la casa de Beto aka Psycho. Una perfecta oportunidad para platicar en vivo y a todo color con él, pues la última vez que lo ví, fue cuando conocí a Luisi... considerando que él ya lleva algún tiempo viviendo en la ciudad, es casi ridículo que hasta ahora suceda que charlemos por vía que no sea el messenger.
4 de la tarde. Salimos hacia el psycho-hogar.
4 y 15: la aventura comienza. Mi papá encontró la calle... estando del otro lado de la avenida. En un momento que ameritaría que alguien cantara "Breaking the Law", se cruzó con chilanguísima desfachatez (para entrar, para rematarla, en sentido contrario). No importó, pues estábamos a las puertas de lo inesperado. ¿Cómo sería la velada?
III. No sé a dónde vamos
Al entrar, conocí al tormento de Psycho (perro), y me topé con la sorpresa de que no sólo era Luisi el que estaba... también estaba Lucy, la bondad encarnada, bajo la forma de una pequeña y amabilísima mujer de leyes. Atacamos a Luisi con abrazos, y al rato se decidió que la mayor parte de la comitiva se adelantaría al Celtics. Había gente completamente desconocida, además (oh, ¡la expectativa!). La comitiva, entonces, consistía en...
-Rafa. La verdad, con el es con quien menos platiqué, pero es un muchacho sonriente y amable, que le expresa tanto amor a la cerveza como un hobbit.
-Gaby. Sonriente, simpática y amable. La ingeniosa y atenta mujer de Psycho, y la principal promotora de brindis (al menos del lado de la mesa en que estaba yo hahahah)
-Marín. Delgado, con el superpoder de salir excepcionalmente chistoso en las fotos, amante de lo que es metaloso y de las Mitocondrias. Es el primo Marín, y todos lo queremos.
-Daniel. El hermano mayor de Psycho, quien me secuestró conversacionalmente (y en realidad hizo bien, pues la pasé en grande); amante de los Beatles, Rolling Stones, y las buenas historias.
Y claro, Luisi, Lucy, Adi y yo.
Psycho se quedó a esperar a Gaby, y los demás emprendimos el viaje en metro hacia nuestro cervecil destino. El camino me dio un increíble indicio de lo feliz que sería la velada, pues poco tardamos en hacer chistes bíblicos.
Una vez fuera del metro, conocí un poco de la ciudad, caminando por sabe Monesvol dónde, y echándole porras a Luisi, quien sufría el caminar tanto en las alturas de la ciudad.
Honestamente, no puse atención al partido. Había muchas cosas de las cuales platicar. Pronto se nos unieron Psycho y Gaby, y yo estaba más que entretenida exponiendo mi posición sobre extinciones en masa y cosas así.
IV. Hobgoblinmeister
SI han visto el primer episodio de Mission Hill, sabrán de qué hablo... (aunque en realidad exagero; nadie acabó tan mal). Bajo la petición de "una cerveza oscura con mayor contenido alcohólico", todos conocimos a la misteriosa Hobgoblin. ¿Qué es un Hobgoblin? Quién sabe qué clase de híbrido mítico sea... lo que sí sé es que es el nombre de una cerveza costosa. Adi y yo optamos mejor por un tarro de aspecto imponente de cerveza de barril.
Una vez que la cerveza se nos agotó, decidimos ir a un lugar cuyo nombre no podía mas que implicar que seguiríamos divirtiéndonos. La última vez que ví un nombre similar fue en un sitio llamado "Irma y sus muchachas" (una pequeña fonda en el cuernarrancho). Ahí, conocí a las Bazookas cerveciles. 3 bazookas cerveciles, que se convirtieron en toda suerte de chistes, baile hawaiiano capaz de anonadar a hombres de mundo, más brindis, Marín volviendo el estómago, fotos donde el glamour no cabe y una más que memorable charla enteramente en inglés. Poesía en más de una forma.
V. 2 am... já.
Eran alrededor de las 10 de la noche cuando Adi y yo comenzamos a preguntarnos a qué hora debíamos charlar con mis padres. Con el tono más Pupulon que pude, pedí permiso para estar en casa de Psycho a las 2 am... mismo que me fue categóricamente negado. Las 12, cenicientilmente era la hora para estar huyendo de tan grata compañía... así que volvimos al metro. Cómo nos veían las pocas personas que compartían vagón, no lo sé. El viaje se me hizo largo y entretenido.
Estábamos una donde la aventura comezó a eso de las 11:30. Ese tatito sí pasó muy rápido, y antes de darme cuenta estaba ya leyendo un capítulo de La comunidad del Anillo, alegre a más no poder de haber pasado tan bonita velada. En una tarde-noche, me reencontré con buenos amigos, hice migas con gente interesantísima y la pasé en grande.
Happy happy para mí.
De entre las sombras del Miserere y la perdición, ¡he vuelto!
Creo que retomar el escribir por aquí amerita una grandiosa historia... y esa es la de la invasión yucateca al feliz DF.
I. Érase una vez... (o algo así)
Todo comenzó (al menos para mí) cuando Adi me dijo que Bunbury vendría a la ciudad. Ahora, cabe mencionar que por mucho tiempo pensé en esta persona como alguien que hace música desagradable, para terminar cayendo en conclusión de que quizás no lo sea, y sólo sucede que no sé nada de él. Entonces ¿qué volvía relevante la noticia? La respuesta se resumía en un nombre: Luisi.
En julio de este año se iban a hacer 4 años desde aquella época tan feliz en la que conocí a un grupo de personas ilustres durante la graduación de prepa de Andrea, mi prima. Luisi (a quien he invitado varias veces a hacer una sección en este espacio de las ya casi míticas "Charlas amenas con Bere y Luisi"...) fue uno de los autores de la histórica "Estafa del Panucho" y ha sido por demás paciente, fungiendo como mi conciencia en ocasiones diversas. Como seguro ya imaginan, yo me alegré muchísimo de saber que había una oportunidad de reencuentro.
Pasaron los meses, y yo olvidé por completo que marzo era un mes marcado por la fortuna... así que cuando Adi me preguntó que qué haría el día 26, yo respondí que me quedaría en el rancho cornobovino desde el cual les escribo, y entonces ella respondió que ese era día Luisi. Claro, de una u otra manera me las ingeniaría para abandonar tierras cornobovinas... y eso hice.
Aquí es donde comienza lo bueno.
II. No me gusta el football
Dos de la tarde. Adi se organiza con Luisi para saber a dónde iremos y qué haremos. ¿Yo? Cómodamente acostadota viendo Ratatouille -de nuevo. El plan: ir a algún sitio en la Condesa (wherever that is) a ver el partido. "Así que va a haber partido", me digo. Bien, vale la pena. No sé nada de football, y la verdad no me interesa... pero lo vale.
3 de la tarde. Apenas me entero de que el partido es a las 5. El punto de reunión es la casa de Beto aka Psycho. Una perfecta oportunidad para platicar en vivo y a todo color con él, pues la última vez que lo ví, fue cuando conocí a Luisi... considerando que él ya lleva algún tiempo viviendo en la ciudad, es casi ridículo que hasta ahora suceda que charlemos por vía que no sea el messenger.
4 de la tarde. Salimos hacia el psycho-hogar.
4 y 15: la aventura comienza. Mi papá encontró la calle... estando del otro lado de la avenida. En un momento que ameritaría que alguien cantara "Breaking the Law", se cruzó con chilanguísima desfachatez (para entrar, para rematarla, en sentido contrario). No importó, pues estábamos a las puertas de lo inesperado. ¿Cómo sería la velada?
III. No sé a dónde vamos
Al entrar, conocí al tormento de Psycho (perro), y me topé con la sorpresa de que no sólo era Luisi el que estaba... también estaba Lucy, la bondad encarnada, bajo la forma de una pequeña y amabilísima mujer de leyes. Atacamos a Luisi con abrazos, y al rato se decidió que la mayor parte de la comitiva se adelantaría al Celtics. Había gente completamente desconocida, además (oh, ¡la expectativa!). La comitiva, entonces, consistía en...
-Rafa. La verdad, con el es con quien menos platiqué, pero es un muchacho sonriente y amable, que le expresa tanto amor a la cerveza como un hobbit.
-Gaby. Sonriente, simpática y amable. La ingeniosa y atenta mujer de Psycho, y la principal promotora de brindis (al menos del lado de la mesa en que estaba yo hahahah)
-Marín. Delgado, con el superpoder de salir excepcionalmente chistoso en las fotos, amante de lo que es metaloso y de las Mitocondrias. Es el primo Marín, y todos lo queremos.
-Daniel. El hermano mayor de Psycho, quien me secuestró conversacionalmente (y en realidad hizo bien, pues la pasé en grande); amante de los Beatles, Rolling Stones, y las buenas historias.
Y claro, Luisi, Lucy, Adi y yo.
Psycho se quedó a esperar a Gaby, y los demás emprendimos el viaje en metro hacia nuestro cervecil destino. El camino me dio un increíble indicio de lo feliz que sería la velada, pues poco tardamos en hacer chistes bíblicos.
Una vez fuera del metro, conocí un poco de la ciudad, caminando por sabe Monesvol dónde, y echándole porras a Luisi, quien sufría el caminar tanto en las alturas de la ciudad.
Honestamente, no puse atención al partido. Había muchas cosas de las cuales platicar. Pronto se nos unieron Psycho y Gaby, y yo estaba más que entretenida exponiendo mi posición sobre extinciones en masa y cosas así.
IV. Hobgoblinmeister
SI han visto el primer episodio de Mission Hill, sabrán de qué hablo... (aunque en realidad exagero; nadie acabó tan mal). Bajo la petición de "una cerveza oscura con mayor contenido alcohólico", todos conocimos a la misteriosa Hobgoblin. ¿Qué es un Hobgoblin? Quién sabe qué clase de híbrido mítico sea... lo que sí sé es que es el nombre de una cerveza costosa. Adi y yo optamos mejor por un tarro de aspecto imponente de cerveza de barril.
Una vez que la cerveza se nos agotó, decidimos ir a un lugar cuyo nombre no podía mas que implicar que seguiríamos divirtiéndonos. La última vez que ví un nombre similar fue en un sitio llamado "Irma y sus muchachas" (una pequeña fonda en el cuernarrancho). Ahí, conocí a las Bazookas cerveciles. 3 bazookas cerveciles, que se convirtieron en toda suerte de chistes, baile hawaiiano capaz de anonadar a hombres de mundo, más brindis, Marín volviendo el estómago, fotos donde el glamour no cabe y una más que memorable charla enteramente en inglés. Poesía en más de una forma.
V. 2 am... já.
Eran alrededor de las 10 de la noche cuando Adi y yo comenzamos a preguntarnos a qué hora debíamos charlar con mis padres. Con el tono más Pupulon que pude, pedí permiso para estar en casa de Psycho a las 2 am... mismo que me fue categóricamente negado. Las 12, cenicientilmente era la hora para estar huyendo de tan grata compañía... así que volvimos al metro. Cómo nos veían las pocas personas que compartían vagón, no lo sé. El viaje se me hizo largo y entretenido.
Estábamos una donde la aventura comezó a eso de las 11:30. Ese tatito sí pasó muy rápido, y antes de darme cuenta estaba ya leyendo un capítulo de La comunidad del Anillo, alegre a más no poder de haber pasado tan bonita velada. En una tarde-noche, me reencontré con buenos amigos, hice migas con gente interesantísima y la pasé en grande.
Happy happy para mí.
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